Una novela para ser leída en el teatro: Sin sangre

En Sin sangre aparecen unos aspectos formales relacionados con el género dramático. Estos elementos provocan en el lector la sensación de estar en una sala de teatro presenciando un conflicto entre unos cuantos personajes. La misma extensión de la obra y la cantidad de personajes que en ella discurren permite ese efecto de teatralidad. Para lograr esa impresión en el lector, Alessandro Baricco crea una «atmosfera minimalista» en la cual tiempo y espacio parecen estar ubicados dentro de un escenario con su respectiva escenografía.

Sin Sangre está dividida en dos capítulos que pueden equivaler a dos actos. Los acontecimientos del primero ocurren en la granja de Mato Rujo durante el intervalo de una noche. Esta localidad se convierte en un pequeño escenario donde transcurre la presentación del conflicto; donde las acciones dan la impresión de suceder en un espacio no tan amplio.

La novela inicia con la descripción del lugar y las condiciones que le rodeaban. El narrador vuelve a describir el estado de la localidad al finalizar el capítulo; y seguidamente, como si bajara el telón, aparecen siete párrafos que introducen al próximo acto. En el capítulo dos el tratamiento del espacio es más complejo, pues ya no hay sólo un lugar sino que aparecen otros: calles, cafés, taxis en movimiento y un hotel.

Si bien la novela está narrada en pretérito imperfecto, al inicio de ambos capítulos se experimenta una sensación de actualidad que es similar a la de estar frente a un escenario observando un drama. Es el caso cuando el narrador dice al comienzo del capítulo dos: «El semáforo se puso en verde y la mujer cruzó la calle».

Llama a la atención, además, la gran cantidad de diálogos que envuelve la trama. Las conversaciones entre personajes es un elemento muy característico del género dramático. Los dos actos o capítulos de Sin Sangre están cargados de abundantes diálogos que a veces son quebrados por una especie de monólogo que súbitamente aborda a un personaje. Un ejemplo de ello se encuentra en el capítulo uno, cuando Salinas, mientras conversaba con Manuel Roca, evoca la muerte de su hermano; este personaje toma el papel del narrador por un momento.

Sin Sangre, por otra parte, también se caracteriza por su lenguaje poético. En ella se encuentra un sinnúmero de metáforas e imágenes como «láminas de silencio entre una y otra ráfaga».

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